Conceptos como bio o desarrollo sostenible aparecen cada vez con mayor frecuencia en el sector de la belleza. El primero parece afectar más a las fórmulas de los productos, pero en una visión más amplia ya se extiende también a otros aspectos. Así, el buenísimo debe plasmarse en cosas concretas, como puede ser el packaging de los productos, que debería ser menos agresivo y derrochador. Pero el lujo es derrochador por definición, lo que supone un problema para las marcas que se ven obligada a ser más verdes sin perder su esencia, que no es otra que suscitar el deseo.Este concepto de desarrollo sostenible, es un asunto que preocupa especialmente a las compañías fabricantes de envases y embalajes, que se enfrentan al problema por partida doble: por un lado deber ser más verdes en los procesos productivos de su fábrica y por otro deben serlo también en los productos de la fábrica. Esto implica valorar aspectos como el consumo de agua, la cantidad o el tipo de energía utilizada en producir, las emisisones de carbono, los medios de trasporte utilizados… por citar solo algunos. Debería llevar también a buscar soluciones de transporte optimizadas y pactadas con los clientes que, sin duda, tienen una responsabilidad compartida en el desarrollo sostenible.
Se trata de un asunto que no afecta sólamente a algún aspecto aislado, sino que es complejo y global. Hoy el lujo exige un envase pesado, macizo y sólido. Si en un momento el diseño era fundamental de lujo, hoy lo son los materiales y su consistencia en igual grado. Por otro lado, concepto ligado a la sostenibilidad, como recargable, no parecen tampoco tener gran acogida en el sector de la belleza. Y es que vender una recarga sin el valor añadido del envase y a precio de oro, se antoja complicado Poner en valor un producto de alta gama parece impensable sin un gran packaging, salvo que como alguno proponen, se vaya pensando en una nueva idea de lujo con nuevos códigos.
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