
Hay que podar el árbol. Esto es un ejercicio sano. Se trata de eliminar lo menos competitivo, los productos que tienen menos ventajas competitivas, los que tienen menos fututo. Y así mejoramos el promedio.
Cuando un producto se vende mucho, y continuadamente, por algo será y hay que potenciarlo.
Cuando un producto se vende poco y hay que estar apoyándolo continuamente, es mejor dejar de fabricarlo. Los fabricantes perdemos el tiempo, los distribuidores tienen su espacio ocupado y hay que podar el árbol.
Tenemos que fabricar lo que cubre las necesidades del consumidor, no sólo lo que a nosotros nos gusta. El cliente es muy inteligente y siempre tiene razón.
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