La piel como los nosotr@s tiene sed y necesita beber...
Cuando empieza el otoño ya sabemos que hay que ponerse al día con muchas rutinas y hábitos, y por la parte que nos toca, la hidratación de la piel es uno de ellos. Con la piel seca en invierno, hay que ponerla a remojo, saturarla de agua hasta elevar el nivel hídrico de la epidermis al 65%, que es la situación ideal para que la capa córnea se muestre luminosa, lisa y flexible. En este estrato superficial se evapora de forma constante e imperceptible, y se mezcla con secreciones como el sudor y el sebo para formar un film que la protege y la plastifica. Cuando la humedad ambiental es menor del 60%, emperoran los 4 característicos del:
Cutis Seco
Tirantez: Ocasional tras lavarse el rostro o permanente.
Fragilidad: Ocasional o frecuente ante factores externos como el sol, viento, calefacción, agua calcárea, etc.
Rigidez: De mayor a menor grado por falta de elasticidad.
Rugosidad: Se acentúa con la edad y se caracteriza por irregularidades en la superficie.
Por lo tanto el reto es retener el agua, fijarla y difundirla por las distintas capas de la piel todo el día.

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