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lunes, 21 de enero de 2013

La piel, el sol y la nieve

Aunque todos los años lo decimos, por si todavía queda algún despistad@. La nieve es un enemigo peligroso para la juventud de la piel, ya que refleja los rayos ultravioletas del sol, mientras que la altura multiplica la potencia de la radiación solar.
La piel se vuelve frágil bajo sus efectos, pudiendo agrietarse, experimentar rojeces, quemaduras y una disminución de las defensas inmunitarias, lo que podría traducirse en las temidas manchas y, a largo plazo, en el envejecimiento del aspecto de la piel.



Los cambios bruscos de temperatura a los que nos vemos sometidos son terribles, por eso cuando nos vamos a disfrutar del ski, debemos tomar más precauciones que la hidratación habitual para que nuestra piel no sufra las consecuencias.
Por eso unos 30 minutos antes de salir a la pista, se recomienda aplica un producto de alta protección (factor 20 o superior), que además de establecer una película frente al sol, protege frente a la sequedad producida por el viento y el frío.
También hay que tener en cuenta que sean productos resistentes al agua para que se mantengan frente a la lluvia y la nieve, y para asegurarnos que tras la práctica del deporte la transpiración no acabó con la protección.


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